HACE 30 AÑOS, UN CAZA BRITÁNICO ATERRIZÓ DE EMERGENCIA SOBRE UN CARGUERO ESPAÑOL QUE SE DIRIGÍA A TENERIFE

 

 

El Harrier de la Royal Navy, posado sobre la cubierta del carguero español 'Alraigo', que lo salvó en 1983. Permaneció seis días retenido en el puerto tinerfeño.El Harrier de la Royal Navy, posado sobre la cubierta del carguero español ‘Alraigo’, que lo salvó en 1983. Permaneció seis días retenido en el puerto tinerfeño /Marconi40, Flickr

 

La disputa de la recompensa por el armador y los tripulantes del Alraigo, atracado en Tenerife, contra la Royal Navy duró seis días y el gobernador Eligio Hdez. amenazó con una evacuación forzosa 

 

Aquel aterrizaje de emergencia real e insólito es recordado ahora tras el falso amerizaje en Gran Canaria, el jueves 27 de marzo, que engañó a todo el mundo durante unos minutos  

 

 

El falso amerizaje de Gran Canaria ha traído a la memoria el suceso real del Harrier de la Royal Navy que hizo un aterrizaje de emergencia, hace 30 años, en un carguero español, el Alraigo, que se dirigía a Tenerife, salvándose el piloto inglés y –lo que al Ministerio de Defensa del Reino Unido le supuso un gran respiro- el costoso cazabombardero que se había quedado sin combustible y sufría una avería. La historia del conflicto por la recompensa, que reivindicaban los tripulantes y el armador, y la polémica solución diplomática alcanzada entre España y el Reino Unido la cuento en esta reconstrucción, a partir de las informaciones que firmamos entonces en el periódico El País.

Pasada la una de la tarde del 9 de junio de 1983, atracó en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife el barco español Alraigo, con un avión de guerra Harrier de la Royal Navy británica a bordo, que había aterrizado sobre su cubierta en la noche del lunes día 6, en medio del Atlántico, cuando el carguero se dirigía a la isla desde Bilbao. Este caso inédito suscitó una gran expectación. Un público numeroso recibió en el puerto al carguero español que transportaba más de una decena de contenedores y un cargamento de madera. El periodista Juan Cruz, con el que compartimos una semana de informaciones que trascendían el marco local por lo insólito del suceso y las repercusiones internacionales, anotó que lo primero que hizo el joven piloto del Harrier, al descender del aparato y pisar la cubierta del Alraigo, fue peinarse con toda la calma delante de la tripulación estupefacta.

Vista aérea del avión sobre el barco 'salvador', en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, en junio de 1983

Vista aérea del avión sobre el barco ‘salvador’, en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, en junio de 1983

 

El aparato británico, situado entre el palo mayor y el puente de popa del barco, con una inclinación de 45 grados, había reposado su parte trasera sobre un furgón ligeramente dañado y la delantera sobre uno de los contenedores. La naviera propietaria del barco se oponía al regreso del avión a Inglaterra hasta que se garantizara el premio de indemnización que legalmente les correspondía a la tripulación y a los armadores. Se especulaba con una cifra: 770 millones (entonces de pesetas).

El Alraigo llegó a la isla a cargo de la consignataria Rodríguez López. En medio de negociaciones entre la naviera García Miñaur, propietaria del carguero, el buque atracó en medio de notables medidas de seguridad. Finalizaba así una insólita historia vivida de noche a 120 millas de las costas portuguesas. ElAIraigo, construido en 1977, de 3.618 toneladas de peso muerto, y de 98,4 metros de eslora y 14,76 metros de manga, navegaba a las órdenes de su joven capitán, Aitor Suso, bilbaíno, de 26 años, en su ruta de Bilbao a Tenerife. Eran las nueve y media de la noche y “advertimos que un avión daba varias pasadas sobre nuestra cubierta, sin que creyéramos que fuera a aterrizar”, explicó el capitán del barco. En un momento determinado, el Harrier se situó en un punto vertical e inició, ante la sorpresa de todos, un aterrizaje de emergencia sobre la carga del Alraigo. El capitán añadió que, en un primer momento, pensó que los iba a mandar a pique

El subteniente Watson, piloto del Harrier de la Royal Navy

El subteniente Watson, piloto del Harrier de la Royal Navy

 

“Ya pasó el susto”

“Ya pasó el susto”, fueron las primeras palabras del capitán al desembarcar, cuando se dirigía a informar al comandante de Marina. Explicó que la maniobra del piloto británico había sido muy rápida e insistió en que personalmente se encontraba “más tranquilo”.

Miembros de la tripulación relataron que el avión provocó una gran humareda al aterrizar y que un artefacto se había desprendido de su fuselaje, chocando primero contra un contenedor y cayendo a continuación sobre la cubierta del barco, donde fue amarrado a un lugar seguro. El avión, que contenía dos misiles de prácticas, había perdido autonomía, al escasearle el combustible y tener problemas mecánicos, cuando su piloto el subteniente Watson, de 25 años decidió aterrizar, in extremis, sobre el primer barco que tuviera a su alcance. En ese momento divisó al Alraigo y no lo pensó dos veces, dando muestras de una gran habilidad y sangre fría.

 

El piloto descansó durante el viaje hacia Tenerife, como si hubiera vuelto a nacer, y comentó que estaba feliz por haber localizado el barco español, gracias al cual logró salvar la vida y el aparato, que probablemente hubiera acabado precipitándose sobre el mar, con riesgo de explosión. El piloto dio detalles de su aventura. Había salido del portaaviones Illustrius, junto con otro avión, en un vuelo de reconocimiento, y, una vez concluida la misión rutinaria, notó que no le funcionaban los equipos de navegación, ni la radio. Como sólo le quedaban siete minutos de autonomía y vio el carguero, optó por un aterrizaje de emergencia, por lo que agradeció el excelente entrenamiento que había recibido de la Navy.

El portaaeronaves Illustrius, gemelo del Invencible, que intervino en la guerra de las Malvinas, era su hogar. Un barco petrolero del Reino Unido, el British Tay fue enviado a la isla a rescatar el Harrier. La Royal Navy (al capitán de fragata Paul Madge logramos sonsacarle detalles de la operación) desplazaó a Tenerife a varios técnicos para organizar el regreso del aparato.

El 'Alraigo' y su insólito 'huésped', en el puerto tinerfeño durante la larga espera de las negociaciones para la recompensa.

El ‘Alraigo’ y su insólito ‘huésped’, en el puerto tinerfeño durante la larga espera de las negociaciones para la recompensa.

 

El conflicto de intereses no se hizo esperar. La naviera se oponía a la vuelta del cazabombardero británico al Reino Unido, en tanto no se garantizara el premio de indemnización que les correspondía, de acuerdo a los tratados internacionales. La naviera propietaria del barco inició un expediente de salvamento, manteniendo la tesis de que en el aterrizaje existió peligro real, porque podía haber escorado el buque, su posible pérdida de equilibrio y hasta explosiones e incendios.

Era la primera vez

“Es la primera vez que un avión de este tipo aterriza sobre la. cubierta de un barco que no estaba preparado para esta función. El piloto ha hecho un gran trabajo al realizar una operación como ésta”, nos declaró Paul Madge, que evitó precisar la situación del portaaeronaves en el momento del aterrizaje del Harrier. “Se encontraba en el Atlántico, en la zona centro-este. Estaba desde luego en aguas internacionales, pero no precisó la naturaleza de su misión.

El avión Harrier 001 de la Royal Navy, de color gris oscuro, con círculos concéntricos azules y rojos en ambas alas, permaneció varios días en la misma posición en que quedó tras posarse sobre el barco. El armador, Alfonso García Miñaur, viajo a la isla. También lo hizo, coincidiendo en el avión, el secretario general del Sindicato Libre de la Marina Mercante (SLMM), Andoni Lecertúa, quien nos in formó que el Juzgado Marítimo número siete de Las Palmas había destinado a un teniente del Cuerpo Jurídico de la Armada para intervenir en el caso. El Juzgado Marítimo permanente debe dictaminar, según ocurre en ocasiones como ésta, si se ha tratado de un acto de salvamento, de cargo o de otro tipo. De no producirse un acuerdo, debía recurrirse al Tribunal Marítimo Central, siguiendo la ley española.

El avión halló acomodo entre un furgón y un contenedor /nauticajonkepa.wordpress.com

El avión halló acomodo entre un furgón y un contenedor /nauticajonkepa.wordpress.com

 

Un convenio internacional suscrito en 1911 sobre salvamento, remolques y otras circunstancias establecía los pasos a seguir. Para el secretario general del SLMM, los ingleses intentarían por todos los medios llevar el caso al Lloyds Comite de Londres, la compañía clasificadora de seguros más importante del mundo. Pero ello habría supuesto una dejación por parte española’.

En 1941, un trasatlántico español, El cabo de buena esperanza, había rescatado un hidroavión, también británico, del acorazado Malaya, con tres tripulantes, conduciéndolo a Santa Cruz de Tenerife.

Bien de Estado no embargable

En el curso de los días, se fue deshojando la margarita. El Tribunal Marítimo Central declaró el avión un bien de Estado no embargable que debía ser devuelto de inmediato, lo que frustró un día soleado de playa que pensaban disfrutar los técnicos ingleses enviados a la isla por la Royal Navy. Las negociación sobre una compensación económica no progresaban (si bien prosiguieron más tarde), y los armadores se vieron sorprendidos por la noticia, ya que no podrían retener más el avión para forzar un acuerdo. El petrolero British Tay, que permanecía fondeado en aguas internacionales cerca de Canarias, empezó a moverse hacia el puerto tinerfeño para dar carpetazo a la odisea con el regreso a casa, siguiendo órdenes explícitas del Ministerio de Defensa del Reino Unido. En los pasillos del Hotel Mencey, donde viví escenas de mucha tensión durante las infructuosas negociaciones, los ingleses levantaban el dedo pulgar repitiendo ¡OK!

Watson y su Harrier de película /portierramaryaire.com

Watson y su Harrier de película /portierramaryaire.com

 

El Gobierno español advirtió a los armadores que la entrega del avión no admitía dilaciones, o procedería a una evacuación forzosa mediante el uso de la fuerza pública. En el Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife, cuyo titular era Eligio Hernández (nos mostró el télex del ministro español de Asuntos Exteriores, que ordenaba “entréguese avión Harrier a las autoridades británicas competentes”) se celebraron reuniones entre las partes y, paralelamente, en la embajada del Reino Unido. Tras cuatro días de bloqueo, llegaron a un principio de acuerdo la naviera y las autoridades británicas, que debían ratificar los tripulantes. Consistía den una casrta de garantía de llegar a un compromiso amistoso o, en su defecto, acudir al arbitraje de Londres, mediante la aplicación del procedimiento de open form (fórmula abierta), que remite al comité del Lloyd’s en dicha capital.

El hecho fue calificado como salvamento. Mientras el abogado de la naviera voló de Madrid a Tenerife para convencer a los tripulantes, el British Tay aguardaba a poca distancia de la dársena comercial, a la vista del Sea Harrier de la Armada británica sobresaliendo en la cubierta del Alraigo, para llevárselo devuelta.

Los protagonistas de la historia: el avión, el furgón y el contenedor /taringa.net

Los protagonistas de la historia: el avión, el furgón y el contenedor /taringa.net

 

Eligio Hdez.: “O recurriré a la entrega forzosa”

El gobernador civil Eligio Hernández advirtió: “Si las partes llegan a un acuerdo y el capitán del barco autoriza la devolución del avión, ésta se efectuará de forma ordinaria y sin intervención del Gobierno Civil. Pero si, al final, no hay una actitud conciliadora, recurriré a una entrega forzosa del Harrier a los británicos.”

Finalmente, el 15 de junio, prácticamente una semana después del inicio del contencioso, se produjo el desembarco del Harrier, entre las lágrimas de los tripulantes, que se vieron obligados a ceder (el pacto del armador con los ingleses le resultaba más ventajoso que las normas españolas, en perjuicio de los marineros, a los que la legislación nacional reconocÍA dos tercios de la indemnización y un tercio para la naviera), y la evidente satisfacción de los representantes del Reino Unido, con traje y corbata pese al calor, y el cazabombardero fue remolcado en dos horas desde el carguero español hasta el petrolero British Tay, harto de esperar ese momento.

El teniente Gordon Wilson, de la Royal Navy, dirigió las operaciones de los técnicos de la Armada británica auxiliados por nueve estibadores locales. Hubo abucheos del público cocentrado dirigidos a los británicos. “Queremos ser ingleses”, rezaba una pancarta de los tripulantes, disconformes con la mediación del Gobierno español. Las autoridades británicas, confiadas de su éxito, llegaron a ordenar a la Policía Nacional que impidieran la presencia de periodistas cerca del avión. El jefe superior de policía en Canarias, Juan Carpena, replicó molesto ante el cónsul británico y el representante de la Royal Navy que tales instrucciones sólo le correspondían darlas a él.

El gobernador llegó a requerir notarialmente al capitán para que facilitara la evacuación del aparato, al cumplirse el plazo fijado con autorización del Ministerio de Asuntos Exteriores español

Poco antes de la medianoche, el petrolero británico zarpó con el avión a bordo (esta vez como carga de tierra y no como intruso del aire), a las órdenes del capitán Peter Morris.

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